martes, 24 de enero de 2012

LA ORIENTACION PARA LA FAMILIA


Orientación Educativa para la Vida Familiar


La Orientación Educativa para la Vida Familiar está cobrando cada vez más importancia en nuestra sociedad por la necesidad que sienten muchas familias de recibir asesoramiento para cumplir adecuadamente su rol educativo y parental con respecto a sus hijos.

El rol socializador de la familia está universalmente aceptado en todas las sociedades por las funciones asistenciales, educativas y adaptativas que realiza tanto con los menores como con los adultos, contribuyendo a su desarrollo personal y también al desarrollo de la sociedad al generar capital social (Baumrid, 1973; Musitu, Buelga, Lila, y Cava, 2001; Pérez Díaz, Rodríguez y Sánchez, 2001). Por ello, se entiende que la familia constituye un núcleo fundamental de la sociedad. Esta función socializadora se hace especialmente relevante con los menores, a quienes se entiende que hay que proteger para garantizar los derechos propios de la Infancia (Naciones Unidas, 1959).
Los padres y madres quieren lo mejor para sus hijos, para su desarrollo y bienestar personal. Para ello, cuentan en este momento con mejores condiciones socio-económicas y de dotación de recursos y servicios culturales y sociales de los que contaron otros padres y madres en épocas pasadas. Pero, a la vez, la complejidad de factores que operan en la sociedad actual (diversidad social y personal, multiculturalidad, cada vez más sofisticadas tecnologías y medios de información y comunicación, incorporación de la mujer al mundo laboral, cambio de valores y de formas de interacción y convivencia, entre otros), unidos a los cambios de estructura que tienen lugar en muchas familias como resultado de procesos de separación, divorcio y creación de nuevas relaciones de pareja, así como la dedicación de un amplio espacio de tiempo diario por parte de los dos progenitores a funciones laborales fuera del hogar, hacen que los padres y madres perciban que educar a los menores y jóvenes en la actualidad sea un proceso más complejo de lo que lo fue en momentos anteriores.
De modo, que la dotación de mayores recursos sociales y culturales del momento actual no siempre lleva asociada necesariamente una percepción de mayor seguridad en el modo y dinámicas con que los padres y madres educan a sus hijos. Especialmente en la etapa de la adolescencia incrementa el riesgo de abandono escolar, de fracaso académico, de consumo de drogas, de embarazos prematuros y de fuertes conflictos interpersonales, lo que lleva a la mayoría de los padres y madres a preguntarse ¿cómo hacer para prevenir estos problemas? Y, en caso de que aparezcan ¿cómo hacer para afrontarlos? En muchas ocasiones, los padres y madres buscan apoyo contrastando sus experiencias parentales con las de otros padres y madres o consultando al profesorado en los centros escolares. Pero no siempre, ni unos ni otros, encuentran las respuestas apropiadas.
Por ello, la Orientación Educativa para la Vida Familiar se hace cada vez más necesaria en la sociedad actual. En otros trabajos y publicaciones hemos definido y concretado los objetivos, principios y contenidos de esta disciplina (Martínez González, 1999; 2001; Martínez González, Pérez Herrero y Álvarez Blanco, 2007). Baste recordar en este momento que se trata de un servicio de apoyo a las familias, que puede contribuir, de darse las condiciones adecuadas, al desarrollo humano y personal de todos los componentes del sistema familiar, ya sean menores o adultos, en todas las etapas de su desarrollo biológico y evolutivo y en cualquier tipo de familia con independencia de su estructura, dinámica interna o de cualquier otro factor de diversidad. La Orientación Educativa para la Vida Familiar está dirigida a todas las familias, tengan o no problemáticas de convivencia interna en distintos grados. Tiene una finalidad fundamentalmente formativa, preventiva y no tanto terapéutica, y actúa desde un enfoque de intervención comunitaria. Por eso, los programas y acciones de orientación educativa familiar pueden desarrollarse tanto en centros escolares como en centros sociales, centros de salud, centros de servicios sociales o en cualquier otra entidad o institución que busque facilitar el ejercicio positivo del rol parental y el bienestar del menor y de la convivencia familiar.
Los efectos positivos que se derivan de esta orientación no se agotan en las personas ni en las familias sobre las que actúa directamente, sino que trascienden a la sociedad, al considerarse que la familia es una estructura básica de aquella, que contribuye con sus dinámicas internas a la formación de la ciudadanía –tanto de los menores como de los adultos-. De aquí, que en el momento actual se considere que la familia no tiene solo una dimensión privada, sino también pública (Consejo de Europa, 2006) y, por tanto, deba ser atendida con apoyos y recursos sociales. Estos apoyos pueden concretarse y dirigirse, entre otros, al ámbito de la educación familiar, de la orientación y mediación, al económico, al de atención y cuidado de personas dependientes -incluyendo a los niños-, al de la conciliación de la vida laboral, personal y familiar, o al de atención a familias desfavorecidas, en situación de riesgo y con graves problemas en la dinámica familiar (abusos, violencia, malos-tratos y otras situaciones que son atendidas desde los servicios sociales).

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