Orientación Educativa para la Vida Familiar
Los padres y madres quieren lo mejor para sus
hijos, para su desarrollo y bienestar personal. Para ello, cuentan en este
momento con mejores condiciones socio-económicas y de dotación de recursos y
servicios culturales y sociales de los que contaron otros padres y madres en
épocas pasadas. Pero, a la vez, la complejidad de factores que operan en la
sociedad actual (diversidad social y personal, multiculturalidad, cada vez más
sofisticadas tecnologías y medios de información y comunicación, incorporación
de la mujer al mundo laboral, cambio de valores y de formas de interacción y
convivencia, entre otros), unidos a los cambios de estructura que tienen lugar
en muchas familias como resultado de procesos de separación, divorcio y
creación de nuevas relaciones de pareja, así como la dedicación de un amplio
espacio de tiempo diario por parte de los dos progenitores a funciones
laborales fuera del hogar, hacen que los padres y madres perciban que educar a
los menores y jóvenes en la actualidad sea un proceso más complejo de lo que lo
fue en momentos anteriores.
De modo, que la dotación de mayores recursos
sociales y culturales del momento actual no siempre lleva asociada
necesariamente una percepción de mayor seguridad en el modo y dinámicas con que
los padres y madres educan a sus hijos. Especialmente en la etapa de la
adolescencia incrementa el riesgo de abandono escolar, de fracaso académico, de
consumo de drogas, de embarazos prematuros y de fuertes conflictos
interpersonales, lo que lleva a la mayoría de los padres y madres a preguntarse
¿cómo hacer para prevenir estos problemas? Y, en caso de que aparezcan ¿cómo
hacer para afrontarlos? En muchas ocasiones, los padres y madres buscan apoyo
contrastando sus experiencias parentales con las de otros padres y madres o
consultando al profesorado en los centros escolares. Pero no siempre, ni unos
ni otros, encuentran las respuestas apropiadas.
Por ello, la Orientación Educativa para la Vida
Familiar se hace cada vez más necesaria en la sociedad actual. En otros
trabajos y publicaciones hemos definido y concretado los objetivos, principios
y contenidos de esta disciplina (Martínez González, 1999; 2001; Martínez
González, Pérez Herrero y Álvarez Blanco, 2007). Baste recordar en este momento
que se trata de un servicio de apoyo a las familias, que puede contribuir, de
darse las condiciones adecuadas, al desarrollo humano y personal de todos los
componentes del sistema familiar, ya sean menores o adultos, en todas las
etapas de su desarrollo biológico y evolutivo y en cualquier tipo de familia
con independencia de su estructura, dinámica interna o de cualquier otro factor
de diversidad. La Orientación Educativa para la Vida Familiar está dirigida a
todas las familias, tengan o no problemáticas de convivencia interna en
distintos grados. Tiene una finalidad fundamentalmente formativa, preventiva y
no tanto terapéutica, y actúa desde un enfoque de intervención comunitaria. Por
eso, los programas y acciones de orientación educativa familiar pueden
desarrollarse tanto en centros escolares como en centros sociales, centros de
salud, centros de servicios sociales o en cualquier otra entidad o institución
que busque facilitar el ejercicio positivo del rol parental y el bienestar del
menor y de la convivencia familiar.
Los efectos positivos que se derivan de esta
orientación no se agotan en las personas ni en las familias sobre las que actúa
directamente, sino que trascienden a la sociedad, al considerarse que la familia
es una estructura básica de aquella, que contribuye con sus dinámicas internas
a la formación de la ciudadanía –tanto de los menores como de los adultos-. De
aquí, que en el momento actual se considere que la familia no tiene solo una
dimensión privada, sino también pública (Consejo de Europa, 2006) y, por tanto,
deba ser atendida con apoyos y recursos sociales. Estos apoyos pueden
concretarse y dirigirse, entre otros, al ámbito de la educación familiar, de la
orientación y mediación, al económico, al de atención y cuidado de personas
dependientes -incluyendo a los niños-, al de la conciliación de la vida
laboral, personal y familiar, o al de atención a familias desfavorecidas, en
situación de riesgo y con graves problemas en la dinámica familiar (abusos,
violencia, malos-tratos y otras situaciones que son atendidas desde los
servicios sociales).

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